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Cambios que me ayudaron a ahorrar dinero- Parte I


Sé que una de las metas más comunes que nos proponemos cada año, tanto chicas como chicos, es ahorrar dinero. ¿Pero realmente lo logramos? A veces el verdadero truco para lograr este propósito no está en ahorrar de nuestro ya estrecho presupuesto, ni en ganar más para ahorrar más, sino en recortar gastos cambiando algunos de nuestros hábitos. 

He aquí lo que a mí me ha ayudado: 

Aprender de finanzas y revisar mis tarjetas de crédito
Los bancos tienen mucho que ofrecer y nosotros creemos que lo aprovechamos, cuando en realidad ellos se aprovechan de nosotros. En mi caso, creía que sólo por pagar a tiempo mis tarjetas y no excederme del límite, estaba usando mi crédito como una experta, pero la verdad no era así. Comencé a sentir que cada mes trabajaba sólo para pagar la tarjeta de crédito y fue entonces cuando entendí que algo no andaba bien. 

Por eso empecé a tomar un poco de mi tiempo para educarme mejor en temas de finanzas personales. Fue tan simple como comenzar a seguir en las redes sociales a personas como @Argentarium, @Aurarod, @PamelaPichardoJ o @TheMoneyCoach. 

Me alegró mucho encontrar en este grupo a mujeres sabias, pues los hombres no necesariamente entienden las necesidades de las mujeres en cuanto a manejo del dinero, sino que pueden tener el prejuicio errado de que somos derrochadoras por naturaleza. Aunque no es necesariamente el caso de los dos chicos que menciono arriba, es una idea muy generalizada que no es cierta, pero nos la hemos creído pues nuestra cultura capitalista y consumista ha ido siempre tras la mujer. Por supuesto, como decía un comercial “ese no es el tema de esta clase”, así que volvamos al punto. 

Originalmente, mi política al usar mi tarjeta de crédito era “pagar todo lo posible con dicha tarjeta”. Gasolina, comidas, compra del súper, compra de antojos, regalos y lo que sea que se cruzara por mi camino. Pasar la tarjeta para “acumular los puntos, las millas, los especiales”, y todas esas bondades con las que los bancos nos enamoran. 

¿Pero qué resultaba? Que como dije anteriormente, al final de mes, gran parte de mi sueldo se iba en pagar la tarjeta y aunque no me pasaba del límite, llegaba muy cerca y me quedaba muy poco o nada para ahorrar. 

El segundo error que cometía, es que sólo revisaba mis estados de cuenta para confirmar que no hubiese ningún consumo erróneo o de más. Hasta que un día puse un stop y decidí comenzar a revisar más detenidamente mis estados de cuenta. 

Para mi sorpresa descubrí que “de chin en chin”, me estaba gastando entre 5,000 a 7,000 pesos mensuales en COMIDA. Y no estoy hablando de la compra del supermercado, sino solamente en comer hoy en tal sitio, pasado mañana en otro, un cumpleaños con par de tragos en el fin de semana, pedir pizza los domingos, etc, etc, etc. 

Comer bueno siempre ha sido mi deleite, lo admito. Pero tenía que ser consciente de que poco a poco iba aumentando la cantidad más y más. 

El otro gran gasto que descubrí fue en gasolina. 2,000 pesos semanales para un total de 8,000 mensuales. (Cuando vemos la totalidad de las cosas es que logramos realmente entender dónde estamos fallando). 

Si sumamos 8,000 de gasolina más los 7,000 de comidas son 15,000 pesos en gastos de “socialización”. Es decir, para estar aquí e ir allí. No perderme una juntadera, no faltar a tal actividad. Un lujo que una persona que gane 30 o 35 mil pesos no se debe de dar, pues significa aproximadamente la mitad del sueldo en ese tipo de gastos. 

Cuando a esos les sumas otros gastos fijos como teléfono, celular, compra para la casa, servicios, algún préstamo, educación o cualquier otra cosa más importante que andar, es cuando te das cuenta de que estás casi al límite. Y es momento de reajustar. 

Así que hoy te hago la pregunta: ¿estás realmente analizando el uso que le das a tus tarjetas de crédito?

Create Your Own Elegance

Apoyarme en mis amigas
Inmediatamente me di cuenta de esto, puse en alerta a mis amigas, sobre todo a mis más leales compañeras de andanzas. 

Primero hablé con mi amiga Cecilia, y le dije: “C, no podemos seguir saliendo todos los sábados, y si lo hacemos tenemos que buscar opciones más baratas”. C entendió a la perfección, pues ella estaba en la misma situación y buscaba maneras de ahorrar para su boda. 

Fue así como cambiamos los restaurantes de los sábados por puestos de chachapas o hot dogs de no más de 150 pesos y que estuvieran cerca de casa. Al final lo importante era poder juntarnos, ponernos al día y compartir juntas. 

Luego hablé con mi amiga Clayra, y le dije: “Clay, no podemos seguir comiendo fuera todas las semanas”. Clay y yo trabajábamos juntas y dos o tres veces a la semana nos escapábamos también a comer en algún lugar. Clay también entendió la situación y comenzamos a cambiar nuestros restaurantes por el plato del día del supermercado, algún puesto de comida o del menú del día de nuestro “pica pollo” favorito, a quienes no voy a mencionar porque no me pagan publicidad ¡ja!

Con sólo estos cambios, pudimos reducir nuestros presupuestos de apróximadamente 500 pesos a 150 pesos por comidas. Si calculas 2 comidas en la semana y 1 los sábados, de 500 pesos cada una, hace un total de 1500 pesos semanales, y un total de 6000 mensuales. Si le sumas una comida extra cada semana, más antojitos como helados, batidas, dulces, etc, se incrementa el presupuesto. Y ni hablar de una comida y una cena. ¿Ahora me entiendes?

Mientras que 3 comidas de 150 pesos a la semana, hacen un total de 450 pesos semanales y luego 1,800 pesos mensuales. Es decir que al reducir el presupuesto, de 6,000 a 1,800. ¡Nos ahorramos 4,200 pesos! Quizás no es algo que tengas que hacer estrictamente todos los meses, pero definitivamente puedes comenzar alternando las opciones. Quizás 1 sola comida cara a la semana y las demás más baratas.

Sé que ahora mismo los precios ya no estén igual en Santo Domingo, ¡seguro están más caros! Y si me lees de otra ciudad, la idea es que apliques este concepto según la situación de tu país. 

¿Cuál es la moraleja de esta historia?
Primero, analiza tus finanzas de forma más crítica e identifica dónde estás gastando de más. 

Segundo, sé humilde y acepta que quizás estás tratando de llevar una vida que financieramente no te corresponde y por tanto no es sostenible para ti. 

Tercero, busca apoyo en tu círculo cercano y haz los ajustes que sean necesarios. Si tienes que perderte alguna actividad, es importante que aprendas a dejar pasar y excusarte. 

Cuarto, no te pierdas la segunda parte de este post, donde te explicaré otras cosas que hice para ahorrar. 

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